El final de la guerra civil, hace ahora 70 años, supuso
un corte radical en la cultura española; España quedó dividida en dos: una
parte de españoles exiliados y una parte que permaneció en el país. Se produjo
un cambio drástico en la cultura.
Hubo dos literaturas españolas; la de la España del interior y la
del exterior. Los exiliados españoles van primero a Francia, pero al poco
tiempo Francia entra en guerra con Alemania, lo que les obliga a ir a América, México
y Argentina. Gracias a la llegada de los intelectuales españoles, estos países
se desarrollan mucho intelectualmente, y allí se fundan editoriales como el
Fondo de Cultura Económica o la editorial Losada en Buenos Aires.
Mientras, en España se pretendía reanudar la vida
literaria. El franquismo es la época de esplendor de las revistas literarias;
había una gran presencia de la literatura en los periódicos, pero una
literatura que no reflejaba la realidad debido a la censura. Juan Aparicio
funda revistas literarias oficiales en las que se apoya a los escritores
jóvenes y se les da libertad siempre que no hablen del régimen.
Las revistas literarias más destacadas de esta época son:
La Estafeta Literaria. Era una revista
muy atractiva: cuentos, ilustraciones, informaciones sobre las tertulias como
la del Café Gijón, que llevaba a cabo el grupo Juventud Creadora.
Fantasía. Revista-libro, cada número publica un libro de poemas o de cuentos de un autor.
Las dos revistas de poesía de mayor importancia fueron Garcilaso y Espadaña. Éstas mantenían un enfrentamiento estético que encubría un enfrentamiento político: detrás de Garcilaso estaba el grupo de Juventud Creadora, con poetas oficiales, afines al régimen, el más destacado es José García Nieto; en Espadaña destaca el republicano Victoriano Crémer. Los poetas de Garcilaso recuperan la métrica tradicional, vuelven al soneto, a la perfección formal, temas renacentistas... Frente a estos, los de Espadaña escriben una poesía aparentemente no crítica pero con una crítica encubierta: tratan temas de desasosiego, angustia, sangre... En Espadaña se ha visto el origen de una tendencia que marcará la poesía de los cincuenta, la poesía social.
Dos libros marcan el resurgir de la poesía: Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre. Es una poesía más humana, de angustia existencial.
Fantasía. Revista-libro, cada número publica un libro de poemas o de cuentos de un autor.
Las dos revistas de poesía de mayor importancia fueron Garcilaso y Espadaña. Éstas mantenían un enfrentamiento estético que encubría un enfrentamiento político: detrás de Garcilaso estaba el grupo de Juventud Creadora, con poetas oficiales, afines al régimen, el más destacado es José García Nieto; en Espadaña destaca el republicano Victoriano Crémer. Los poetas de Garcilaso recuperan la métrica tradicional, vuelven al soneto, a la perfección formal, temas renacentistas... Frente a estos, los de Espadaña escriben una poesía aparentemente no crítica pero con una crítica encubierta: tratan temas de desasosiego, angustia, sangre... En Espadaña se ha visto el origen de una tendencia que marcará la poesía de los cincuenta, la poesía social.
Dos libros marcan el resurgir de la poesía: Hijos de la ira de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre. Es una poesía más humana, de angustia existencial.
La poesía social pretende reflejar el lenguaje y los problemas de la calle. Destacan en esta corriente Gabriel Celaya (Tranquilamente hablando), Blas de Otero (Pido la paz y la palabra, 1955).