2014

2014

Entrevista a Celestino Peláez:

"La letra con sangre entra"

 

Celestino Peláez es un avilesino de 51 años que cursó los estudios de la EGB en el colegio Mateu de Ros en Corvera. Pertenece a esas generaciones de españoles que estudiaron entre dos regímenes.
 

   ¿Cómo recuerdas aquellos años?
Todo era distinto en aquella época, desde el tipo de educación que recibíamos en la escuela hasta los juegos en el patio. Es normal sentir nostalgia si se echa la vista atrás.
       
 ¿Qué opinas del tópico de que los jóvenes cada vez están peor formados?
Los tópicos son simplemente tópicos. Es cierto que las estadísticas sitúan a España como uno de los países con peor nivel en formación, pero antes no había estas comparaciones por lo que es difícil determinar si estábamos mejor o peor formados que ahora.

  ¿En qué se diferencian principalmente los estudiantes de tu generación con los actuales?
No sé exactamente las diferencias, no sé cómo son los alumnos de ahora, pero creo que éramos más disciplinados. No porque fuéramos mejores alumnos, sino porque no quedaba otra opción. Yo cuando no me sabía la lección iba a clase acojonado. A pesar de ello, en el trasfondo es todo lo mismo; la educación en España siempre ha estado a servicio del gobierno de turno.

   ¿Mano dura o la relación más familiar entre profesor-alumno que se promueve hoy en día?
Los extremos nunca son buenos. Ni la mano dura que se aplicaba en mi época, ni la permisividad de los tiempos actuales. De hecho, ambas actitudes crearon polémica en sus respectivos momentos. La relación profesor-alumno debe ser entendida así por parte de todos, incluídos los padres, que en mi época veían normal que un profesor pegara a un alumno. Hoy en día se dan con demasiada frecuencia las agresiones en sentido contrario, apoyadas incluso por los padres. Sinceramente, creo que el profesor debe ser una autoridad en su ámbito, pero que nunca debe pasar sus límites.

   ¿Cuál es el castigo más agresivo que recuerdas haber visto?
Don Fernando, un profesor que había sido boxeador en su juventud, levantó en el aire a un alumno (no recuerdo bien qué había hecho mal) y lo sentó en su mesa con las piernas separadas, parecía que se iba a partir en dos.
  
 ¿El trabajo de profesor tenía más o menos consideración en tu época?
Personalmente, creo que antes estaba mucho mejor considerado. El profesor era, después de los padres, la máxima autoridad. Cuando entraba en el aula los alumnos teníamos que levantarnos de nuestros asientos.

  ¿Qué anécdotas recuerdas con más nitidez en tu etapa de estudiante?
Un viernes que iba en autobús al colegio, recuerdo haber escupido en la cabeza por la ventanilla a un alumno que iba caminando. El lunes cuando volví ya no me acordaba del accidente, pero él sí, y mientras estaba en el recreo vino y sin mediar palabra me dio un puñetazo y me sacó un diente.